Premio al mérito 15/09/2016

Por Patricia Gorocito

Sistemas de evaluación que habían quedado atrás vuelven en la Argentina donde todo se gestiona desde una gerencia que ofrece productos y transforma a los ciudadanos en meros consumidores

Durante las últimas Olimpiadas en Brasil, Jorge Forbes escribe un interesante artículo en el que se propone hacernos pensar en la virtud tan de moda en los comentarios deportivos, la del mérito. Lo cierto es que para el autor es más difícil soportar el talento, que muchas veces viene acompañado de soledad que el esfuerzo y el sacrificio, siempre aprobado y acompañado por el lazo social.

Últimamente los discursos publicitarios y el sistema e ideología de corte neoliberal proponen como suprema virtud el mérito individual. Famosa y polémica es la campaña publicitaria de un nuevo modelo de auto que considera que cada ciudadano tiene lo que se merece en la vida. Y que ese vehículo podrá disfrutarlo el consumidor que se esfuerce.  Y claro, será una minoría. Desde el marketing se apunta justamente a eso, que el consumidor se sienta único y original pero lo cierto es que el sistema capitalista a apunta a una igualdad homogénea, sin diferencias, no democrática. La época en la que vivimos tiene una obsesión por la cuantificación, los puntajes, las medidas. Cuentan los que están debajo de la línea de pobreza y los que están arriba pero nadie sabe cuál es la línea de largada.

En la provincia de Buenos Aires, el Ministerio de Educación propone las calificaciones del uno al diez para evaluar a los niños que concurren a la escuela primaria. Vuelven el cero y las orejas de burro.  El fracaso o el mérito individual. Se oculta la responsabilidad del estado como poder para garantizar a todos la igualdad de oportunidades y no la estigmatización. Sistemas de evaluación que habían quedado atrás vuelven en la Argentina donde todo se gestiona desde una gerencia que ofrece productos y transforma a los ciudadanos en meros consumidores. Quedarán atrás valores como el de la solidaridad y la lucha colectiva. Pero no es tan simple domesticar a los cuerpos.

Al parecer el ciudadano debe luchar consigo mismo, y se espera solamente su rendimiento individual, nada de amor, salvo el amor propio. Pero cuidado, así como las victorias se ganan en el cuerpo también en ese cuerpo se liberan todas las batallas y los sujetos cada vez se sienten más solos, comandados por su pulsión y domesticados por un Amo que sólo quiere máquinas que funcionen.

A veces me parece que al suprimir la angustia, que es una buena señal para los psicoanalistas, pues interpela a un sujeto que toma decisiones, lo que acontece es el dolor en el cuerpo.

Sigo pensando que lo subversivo del psicoanálisis es saber que el deseo es indestructible y resiste a cualquier hegemonía o poder de turno.

Patricia Gorocito é psicanalista e professora da Faculdade de Psicologia da Universidade de Buenos Aires, Argentina

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